La diligencia en la búsqueda manifiéstase de tres maneras. Por eso dice San Agustín: ¡Oh alma mía!, si diligentemente pidieres, lo revelarías con tres señales:
1º) Pedirías luz para que no te obstacu
lizaran las tinieblas;
2º) Preguntarías a los que saben para no
equivocarte buscando;
3º) No descansarías en ningún lugar hasta no
encontrar al amado.
Acerca de lo primero se dice en el Salmo (66, 2, 3): Dios
tenga misericordia de nosotros... para que conozcamos en la
tierra tu camino. Y en el libro de los Proverbios (4, 18): La senda de
los justos, como luz que resplandece, va delante, y crece hasta el día
perfecto. Esto lo interpreta así la Glosa: Las obras de los justos se
ejecutan con la luz de la ciencia, y conducen a la vida eterna, que es el
día perfecto.
Por ello los Magos buscaron al Señor en la luz de la estrella, y
debe advertirse que esa luz, es decir, la gracia, se pierde por el pecado.
De ahí que diga San Remigio que la estrella representa la gracia de
Dios, y Herodes, al diablo.
El que por el pecado se somete al dia
blo, pierde al punto la gracia; si se apartare de aquél por la peni
tencia, recobraría luego la gracia, la cual no lo abandona hasta que lo
conduzca a la casa del niño, que es la Iglesia.
Respecto a lo segundo dice Jeremías (6, 16): Paraos en los
caminos, y ved y preguntad sobre las sendas antiguas cuál sea el camino
bueno, y andad por él, y hallaréis refrigerio para vuestras almas. Por eso
también, las Magos vinieron del Oriente a Jerusalén, preguntando y
diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha 'nacido? (Mt 2,1-2).
Aquí comenta San Agustín: "Anuncian y preguntan, creen y buscan,
significando a los que andan a la luz de la fe y desean la visión. Pero,
¡ay!, muchos doctores son semejantes a los judíos, quienes murieron
en su sequedad, no obstante haberles enseñado los Magos la fuente de
la vida." El mismo escritor dice que los tales son semejantes a los car
pinteros del arca de Noé, los cuales contribuyeron a que otros se
salvasen y ellos perecieron en el diluvio; semejantes también a las
piedras miliarias que mostraron a los otros el camino y ellas en
cambio no pudieron andar.
Por lo que hace a lo tercero, se lee en el Cantar de los Cantares (3,
1): En mi lecho por las noches busqué. Acerca de ello dice San Gregorio:
"Buscamos al amado en el lecho, cuando suspiramos por el deseo de
nuestro Redentor en algún descanso de la vida presente. Buscamos de
noche, porque aunque ya la mente vela en él, sin embargo todavía el
ojo está envuelto en la obscuridad. Pero al que no encuentra a su
amado, no le queda otro recurso que levantarse, dar vueltas mentalmente
alrededor de la cuidad, esto es, de la Santa Iglesia de los elegidos, y
recorrerla preguntando, y buscarlo por las calles y plazas, es decir,
mirar andando por lugares estrechos y largos, a fin de averiguar si
puede hallarlo tras sus huellas, porque existen algunos, aun de vida
mundana, los cuales practican algunas acciones virtuosas, dignas de
ser imitadas."
Por esto los Magos no descansaron hasta que encontraron al amado,
es decir, a Cristo; cuya señal fue haber recorrido tan largo camino
en tan corto espacio de tiempo.
Ha de advertirse que el deseo ardiente del amor divino no
deja al alma descansar hasta encontrar al amado.
Y porque el deseo
satisfecho deleita al alma, por eso cuanto el deseo fuere más ardiente,
tanto más deliciosamente es encontrado el amado. Y como los Magos
buscaban a Cristo con mucho fervor, lo encontraron con el mayor
deleite. De ahí que diga el Evangelio: Y cuando vieron la estrella, se
regocijaron en gran manera (Mt 2, 10). Por lo cual dice San Bernardo
que mucho se regocija el que se regocija en Dios, que es el verdadero
gozo. Añade en gran manera, porque se regocijaron de aquello sobre lo
cual no hay nada mayor, y se alegraron mucho porque de lo grande
puede uno alegrarse más y otro.
(De Humanitate Christi)
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