FUE CONVENIENTE QUE EL HIJO DE DIOS ASUMIESE LA NATURALEZA HUMANA DE LA RAZA DE ADÁN - TOMAS DE AQUINO
I. Como dice San Agustín17: "Dios podía tomar un hombre fuera de la
estirpe de Adán, que había encadenado al género humano a su pecado; pero
juzgó que era mejor tomarlo del mismo linaje que había sido vencido para
que llegase a vencer al enemigo del género humano." Y esto por tres
razones:
1º) Porque parece ser propio de la justicia el dar satisfacción el mismo
que pecó; y por eso convenía que de la naturaleza corrompida por el pecado
se sacase lo que serviría para satisfacer por toda la naturaleza.
2º) Porque es más digno del hombre que el vencedor del diablo salga
de la raza que había sido vencida por el diablo.
3º) Porque más resplandece el poder de Dios tomando la naturaleza
corrompida y enferma para elevarla a tanta perfección y dignidad.
Cristo, en efecto, debió ser segregado de los pecadores, como dice el
Apóstol, en cuanto a la culpa que venía a destruir, no en cuanto a la natu
raleza que venía a salvar, según la cual debió asimilarse en todo a los
hermanos como dice el mismo Apóstol a los Hebreos (2, 17). Y es también
más de admirar en esto su inocencia, porque la naturaleza tomada de una
raza de pecado guardó tan gran pureza.
(3ª, q. IV, a. VI)
II. Dícese por tanto muy bien: A lo suyos vino, y los suyos no le
recibieron (Jn 1, 11). Aun cuando la luz estaba presente en el mundo y era
visible o manifiesta por los efectos, no era, sin embargo, conocida por el
mundo, y por eso vino a lo propio, para ser conocida. Pero para que cuando
dice vino, no se entienda movimiento local, como si viniese dejando de estar
donde antes estaba y comenzando a existir donde primero no existía, dice a
lo propio, esto es, a las cosas que eran suyas, que él mismo hizo. Y vino
adonde ya estaba; vino tornando un cuerpo; era invisible, y vino para ser
visible. A lo suyo, esto es., a Judea, que ciertamente era suya de manera
especial; pero, en un sentido mejor, al mundo criado por él.
Y los suyos no le recibieron. "Los suyos" son los hombres, porque han
sido formados por él, han sido hechos a su imagen. Pero podemos decir
mejor: los suyos, es decir, los judíos, no le recibieron, creyendo en él por la
fe y el respeto.
Los judíos son realmente suyos, porque fueron elegidos por él como un
pueblo particular: Y el Señor te ha escogido hoy para que seas un pueblo
peculiar suyo (Deut 26, 18).
Los suyos, unidos según la carne (Rom 4, 3): De los cuales Cristo es
deudo según la carne.
Los suyos, por último, enriquecidos por él con beneficios, conforme a
aquello de Isaías (1, 2): Hijos crié, y engrandecí; mas ellos me despre
ciaron.
(In Joan., I)
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17 De Trinit., lib. XIII, cap. 18.
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