Toda eres hermosa, amiga mía, y mancilla no hay en ti (Cant 4, 7).
María estuvo siempre inmune de todo pecado:
1º) En el instante de su concepción. Pues se cree razonablemente que la
que engendró al Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, recibiría
mayores privilegios de gracia que todos los otros. Por lo cual, como se lee en
Lucas (1, 28): El ángel le dijo: Dios te salve, llena de gracia. Sabernos, no
obstante, que a algunos otros fue concedido el privilegio de ser santificados
en el seno materno, como a Jeremías, al cual se dijo: Antes que salieras de
la matriz, te santifiqué (Jer 1, 5); y también a Juan Bautista, del cual se ha
dicho: Y será lleno de Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre (Lc
1, 15).
Luego, para que recibiese más, María debió no sólo ser santificada en
el seno materno, sino también preservada de la culpa original.
Esta infusión de la gracia santificante no se verificó antes de la ani
mación, sino en el primer instante de la animación. Los hechos que tuvieron
lugar en el Antiguo Testamento son figura del Nuevo, conforme a aquello:
Todas estas cosas les acontecían a ellos en figura (1 Cor 10, 11). Mas por la
santificación del tabernáculo, de la cual se dice: Santificó su tabernáculo el
Altísimo (Sal 45, 5), parece significarse la santificación de la Madre de Dios,
llamada tabernáculo de Dios conforme a aquello del Salmo (18, 6): En el sol
puso su tabernáculo. Del tabernáculo se dice en el Éxodo: Después que
fueron cumplidas todas estas cosas, cubrió una nube el tabernáculo del
testimonio, y le llenó la gloria del Señor (Ex. 40, 31-32). Luego asimismo la
Bienaventurada Virgen no recibió la gracia sino cuando fueron cumplidas
todas sus cosas, a saber: cuerpo y alma (es decir, en el mismo instante).
2º) Durante toda su vida. Dios prepara y dispone a quienes elige para
algo, de modo que se hallen idóneos para lo que son elegidos: Nos ha hecho
ministros idóneos del Nuevo Testamento (II Cor 3, 6). Si, pues, la
Bienaventurada Virgen fue elegida por Dios para que fuese Madre de Dios,
no debe dudarse de que Dios la hizo idónea para esto por su gracia, según lo
que el ángel le dice: Has hallado gracia delante de Dios; he aquí que
concebirás... (Lc 1, 30).
No hubiera sido idónea la Madre de Dios, si alguna vez hubiese peca
do; ya porque el honor de los padres redunda en los hijos, según aquello:
Gloria de los hijos son sus padres (Prov 17, 6), y por el contrario la
ignominia de la madre redundaría en el hijo; ya también porque tuvo
singular afinidad con Cristo, que recibió de ella su carne. Se dice en la 2ª a
los Corintios (6, 15):
¿Qué concordia entre Cristo y Belial?, ¿o qué parte
tiene el fiel con el infiel?
Ya también, porque el Hijo de Dios, que es la Sabiduría de Dios,
habitó en ella de modo singular, no solamente en su alma, sino también en
su seno. Más se dice en el libro de la Sabiduría (1, 4): Por cuanto en alma
maligna no entrará la sabiduría, ni morará en cuerpo sometido a pecados;
por consiguiente, es preciso reconocer que la Bienaventurada Virgen no
cometió pecado alguno actual, ni mortal ni venial; para que así se cumpliera
en ella lo que se dice: Toda eres hermosa, amiga mía, y mancilla no hay en
ti (Cant 4, 7).
(3ª, q. XXVII, a. IV)
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