En sentido místico podemos considerar que el parto de la Bienaventurada Virgen María significa el parto del alma penitente, como se dice en Isaías: De tu temor, Señor, concebimos y dimos a luz espíritu de salud (de buenas obras) (26, 18). A este parto conviene místicamente el lugar del nacimiento de Cristo, es decir, Belén. Por ello dice San Bernardo: "Si tú eres también Belén por la contrición del corazón, de modo que tus lágrimas sean tu pan de día y de noche, y esta refección te proporciona alegría continua (Belén se interpreta casa de pan), y si eres Judá por la confesión y ciudad de David por las obras de satisfacción, nacerá Cristo en ti, y llenará de alegría tu corazón por la gracia en el presente y por la gloria en el futuro." Pero debe advertirse que, después del parto de la penitencia, el alma penitente debe envolverse con los pañales de la caridad contra la torpeza del pecado, que consiste en el desorden interior del alma; debe reclinarse por el amor de la humildad contra la soberbia, que es una aversión; y colocarse en el pesebre de la aspereza por una penitencia proporcionada contra el deleite del pecado, que es una orientación al mal. De lo primero se dice en los Proverbios: La caridad cubre todas las faltas (10, 12).
Pero debemos envolvernos con ese paño por todas partes:
primero, a fin de amar a Dios que está sobre nosotros; en segundo lugar, a
nosotros mismos; después, a lo que está junto a nosotros, es decir, a
nuestro prójimo; en cuarto lugar, a lo que está debajo de nosotros, es
decir, a nuestro cuerpo. Estas cuatro cosas deben ser amadas con
caridad, como dice San Agustín.
Acerca de lo segundo se lee en el Salmo (50, 19): Al corazón
contrito y humillado no lo despreciarás, oh Dios. Por ello dice San
Bernardo: "La humildad nos merece la estima de Dios, nos somete a
Dios, nos atrae la complacencia de Dios, como dijo la Bienaventurada
Virgen: Porque miró la bajeza de su esclava." (Lc 1, 48).
Con relación a lo tercero dice el Evangelio: Haced, pues, frutos
dignos de penitencia (Lc 3, 8). Y San Bernardo: "Huye de la voluptuosidad, porque en ella la muerte está emboscada a las puertas del
deleite. Haz penitencia, porque por ella se aproxima el reino de
Dios. Esto te predica el establo, lo clama el pesebre, la dicen aquellos
miembros infantiles, lo anuncian sus lágrimas y sus lloriqueos."
(De Humanitate Christi)
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