Nadie lo “sacó” en un solo acto. Lo que sucedió fue que, desde la Antigüedad tardía, coexistieron dos usos distintos del Antiguo Testamento:
La Septuaginta (LXX) —traducción griega usada por judíos helenísticos y por los primeros cristianos— incluía la Sabiduría (Wisdom of Solomon) y otros libros hoy llamados deuterocanónicos. Muchos Padres y liturgias cristianas citaron y leyeron esos libros.
La tradición rabínica que cristalizó más tarde en el canon hebreo masorético no incluye esos libros (por ejemplo, no están en la colección hebrea de 24/39 libros que los judíos y, posteriormente, muchos protestantes adoptaron como referencia). Esa distinción se acentúa a partir del siglo I–III d.C. y se vuelve el argumento central en la Reforma.
En la Edad Media la Iglesia occidental (Vulgata latina) mantuvo esos libros; los sínodos locales (Hippo 393, Cartago 397/419) y finalmente el Concilio de Trento (1546) ratificaron canónicamente la lista que incluye a Sabiduría como escritura inspirada. La declaración dogmática de Trento fue la confirmación definitiva en la tradición católica.
Por contraste, los reformadores protestantes (siglo XVI), liderados por figuras como Martín Lutero, optaron por alinear la Biblia del AT con el canon hebreo (el criterio: la tradición judía y la ausencia de una versión hebrea estable). Lutero trasladó las “libros apócrifos” a una sección intermedia (los llamó Apokryphen / Apócrifos o “de lectura útil” en su Biblia) y discrepó de su autoridad doctrinal plena; sin embargo, los utilizó en la predicación y los citó en ocasiones. Así que más que “sacarlos”, los reformadores relegaron su estatus y cambiaron la estructura editorial.
2) ¿Qué pasos formales hubo en la Antigüedad y en la Edad Media?
Uso temprano / Septuaginta: la LXX (siglos III–I a. C.) incluye Sabiduría; la iglesia primitiva usó la LXX como su Biblia del AT. Muchas comunidades cristianas tenían manuscritos con esos libros.
Listas patrísticas: hay diversidad. Por ejemplo, Athanasius en su 39ª carta (festal) distingue libros “canónicos” y otros “para lectura” —menciona Sabiduría entre textos que se leen (la formulación exacta y la categoría varían según el autor). Esto muestra la práctica ambivalente: lectura litúrgica extensa, pero discusión sobre status canónico.
Sínodos africanos (Hippo 393, Cartago 397/419): listas que incluyen deuterocanónicos —estas listan y consolidan la costumbre occidental.
Prologues y opinión de Jerónimo: Jerónimo (Vulgata) favoreció la tradición hebrea y escribió prologues en los que catalogó algunos libros como “apócrifos”; pero su posición es compleja y cambió con el tiempo: tradujo y puso en la Vulgata muchos de esos libros, y aunque expresó reservas, no eliminó su lectura litúrgica. Estudios modernos muestran ambigüedad en su postura.
Concilio de Florencia (1442) y, decisivo, Concilio de Trento (1546): ratificaron oficialmente el canon católico que incluye Sabiduría, en reacción a la Reforma. Trento definió dogmáticamente la lista (y puso anatema contra quienes negaran esos libros).
3) Recepción patrística: ¿qué dijeron los Padres?
Athanasius (s. IV) —en su Carta 39 lista Sabiduría entre los libros “que se leen” (y muestra la distinción entre “canon” y “lectura espiritual”), lo que indica que la obra era ampliamente leída en la Iglesia oriental y occidental.
Agustín (s. IV–V) —en la práctica occidental aceptó la Vulgata y sus libros deuterocanónicos; los cita y los usa, integrándolos a la enseñanza cristiana (por ejemplo en De Doctrina Christiana los considera útiles).
Jerónimo (s. IV–V) —tuvo una postura crítica con los libros que no figuraban en el canon hebreo; en sus prólogos habla de “apócrifa” respecto a algunos. Pero su uso práctico y sus traducciones (incluyendo ediciones de la Vulgata) muestran que no los expulsó de la vida eclesial. La investigación moderna muestra que su aparente rigor canónico fue matizado.
(Este mosaico patrístico explica por qué la tradición admite la Sabiduría aunque haya voces escépticas.)
4) ¿Qué hizo exactamente Lutero y por qué?
Lutero secundó la preferencia por el canon hebreo y, por eso, no consideró a los deuterocanónicos “iguales” a los 39 libros que él consideró auténticos del AT. En su Biblia de 1534 los colocó en sección aparte llamada “Apócrifos” y añadió notas críticas sobre su autoridad doctrinal: útiles para lectura, no para establecer doctrina. Sin embargo, Lutero citó y usó muchos pasajes de esos libros (por ejemplo, en sermones y comentarios). Así que su acción fue editorial y doctrinal: reclasificó su status.
5) Crítica histórica y teológica — argumentos a favor y en contra
A favor de mantener Sabiduría en el canon (posición cat./ortodoxa):
Uso litúrgico y patrístico antiguo: la LXX y los Padres citan y usan el libro; su presencia en los manuscritos y lecturas de la iglesia primitiva es prueba de su utilidad inspirada.
Recepción constante: sínodos occidentales y la tradición de la Vulgata integraron esos libros en el corpus bíblico; Trento cerró la polemica definiéndolo.
Valor teológico: Sabiduría desarrolla doctrinas (sabiduría, inmortalidad, justicia) que dialogan con NT y teología patrística; por eso fue fructífero en la teología antigua.
A favor de relegarlos/expulsarlos (posición protestante / criterio jeromiano):
Criterio de la tradición hebrea: los judíos no reconocieron esos libros en su canon final; para los reformadores, la norma hebrea era guía más segura para el AT. (Argumento fundamental de Lutero y muchos reformadores).
Ausencia de versión hebrea anterior: varios de esos libros solo existen en griego (aunque algunos tienen tradiciones hebreas intermitentes), lo que hizo desconfiar a quienes privilegiaban el texto hebreo.
Jerónimo como precedente: la autoridad de Jerónimo (venerado por la Reforma) fue citada como justificación para no darles estatus canónico igual.
6) Evaluación crítica (mi análisis sintético)
La decisión práctica de la Reforma fue coherente con su principio sola scriptura entendido como “solo las Escrituras reconocidas por la tradición judía/histórica como normativas” y con una preferencia por el texto hebreo. Fue, sobre todo, una decisión teológica-editorial que buscó corregir lo que los reformadores vieron como exceso doctrinal derivado de ciertas lecturas latinas.
La respuesta católica (Trento) fue igualmente coherente: ante la Reforma se confirmó el uso histórico de la Iglesia (LXX, liturgia, padres) y se definió el canon completo por norma de comunión eclesial, no solo por la erudición textual. Fue una afirmación de autoridad y tradición en respuesta a la fragmentación protestante.
Crítica metodológica: ni la sola apelación a Jerónimo (sobre la base de su preferencia por el hebreo) ni la sola apelación a la costumbre litúrgica resuelven por sí mismas la cuestión canónica —ambas responden a criterios distintos (texto original vs. uso eclesial). El problema se vuelve de criterio (¿qué es la norma: la tradición judía, la práctica eclesial histórica, la coherencia teológica o la recepción apostólica?): por eso la discusión permanece legítima y plural. Estudios modernos (p. ej. Bruce Metzger y otros) subrayan que la fijación canónica fue un proceso largo, diverso y no uniforme.
7) Textos y autores que recomiendo leer
Athanasius, Festal Letter 39 —menciona los libros que “se leen” (incluye Sabiduría en lista de lectura). (fuente patrística).
Jerónimo, Prologus Galeatus y otros prólogos —visión crítica y matizada sobre los “apócrifos”. (estudios críticos modernos: Gallagher).
Concilio de Trento, Decreto sobre el Canon (1546) —texto dogmático que confirma la lista católica.
Bruce M. Metzger, The Canon of the New Testament (y otras obras sobre formación del canon) —análisis académico moderno sobre cómo se formó el canon y la historia de los libros deuterocanónicos.
Artículos de síntesis (Oxford / Eerdmans / Catholic Answers / EWTN) sobre deuterocanónicos y la historia de su aceptación.
“La Justicia que no muere”: Exégesis de Sabiduría 1:1–16
“La justicia es inmortal.” — Sab 1,15
I. Introducción al primer movimiento sapiencial
El libro abre con una exhortación moral y teológica de altísima densidad: amar la justicia (dikaiosýnē) y buscar al Señor (Kyrios) con un corazón sincero.
En estas líneas iniciales resuena el eco de toda la tradición profética —desde Isaías hasta Malaquías—, pero ahora filtrada por la filosofía helenística y la espiritualidad del judaísmo alejandrino.
La “justicia” aquí no es solo virtud social, sino energía divina participada, una fuerza ontológica que vincula al alma con la Sabiduría eterna.
El autor de Sabiduría advierte que esta justicia no puede habitar en un alma corrompida, anticipando un concepto que san Pablo y san Juan reinterpretarán cristológicamente.
II. Texto base: Sabiduría 1:1–16
Texto griego (LXX) y traducción española
Griego (Septuaginta) Biblia de Jerusalén (español)
1. Ἀγαπήσατε δικαιοσύνην, οἱ κρίνοντες τὴν γῆν· φρονήσατε περὶ τοῦ Κυρίου ἐν ἀγαθότητι, καὶ ἐν ἁπλότητι καρδίας ζητήσατε αὐτόν. Amad la justicia, los que gobernáis la tierra; pensad en el Señor con bondad y buscadlo con sencillez de corazón.
2. ὅτι εὑρίσκεται τοῖς μὴ πειράζουσιν αὐτόν, ἐμφανίζεται δὲ τοῖς μὴ ἀπιστοῦσιν αὐτῷ.Porque se deja hallar de los que no lo tientan, y se manifiesta a los que no desconfían de Él.
3. Διαστραμμένοι γὰρ λογισμοὶ χωρίζουσιν ἀπὸ τοῦ Θεοῦ· πειραζομένη δὲ δύναμις ἐλέγχει τοὺς ἄφρονας. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios; y el Poder, puesto a prueba, confunde a los insensatos.
4. Εἰς ψυχὴν γὰρ κακοήθη οὐ μὴ εἰσέλθῃ σοφία, οὐδὲ κατοικήσει ἐν σώματι καταδεδουλωμένῳ ἁμαρτίᾳ. La Sabiduría no entra en un alma maligna, ni habita en un cuerpo esclavo del pecado.
5. Ἅγιον γὰρ πνεῦμά ἐστι παιδείας φεύγει δόλον, καὶ ἀποστρέφεται ἀπὸ ἀφροσύνης, καὶ μεταστρέφεται ἀπὸ ἀδικίας ἐλέγχουσας. El Espíritu Santo de la educación huye del engaño, se aleja de los pensamientos insensatos y se retira cuando llega la injusticia.
6. Φιλάνθρωπον γὰρ πνεῦμά ἐστιν σοφία, καὶ οὐκ ἀθῷον βλάσφημον χείλη· μάρτυς ἐστὶ καρδίας αὐτοῦ Θεός, καὶ ἀληθινὸς ἐπόπτης καρδίας αὐτοῦ, καὶ ἀκούων γλώσσης αὐτοῦ. Porque la Sabiduría es un espíritu amante del hombre, que no deja impunes las palabras blasfemas; Dios es testigo de su corazón, verdadero observador de su alma y oyente de su lengua.
15. ἡ γὰρ δικαιοσύνη ἀθάνατός ἐστιν. Porque la justicia es inmortal.
III. Análisis léxico-teológico
1. Δικαιοσύνη (dikaiosýnē) — “Justicia”
En la tradición hebrea corresponde a צְדָקָה (tsedaká), raíz ṣdq: rectitud, fidelidad, armonía con el orden divino.
En el pensamiento helenístico, dikaiosýnē no es solo virtud moral, sino principio cósmico de equilibrio.
En Sabiduría, ambos sentidos se funden: la justicia es participación del orden divino —por eso “no muere” (ἀθάνατος ἐστίν).
Comentario patrístico:
San Gregorio Nacianceno (329–390) escribía:
“La justicia no es una virtud pasajera, sino la forma de vida del que vive en Dios, pues quien ama la justicia participa de la inmortalidad del Verbo.” (Or. 14, De pauperum amore).
2. Σοφία (Sophía) — “Sabiduría”
No es un simple atributo: se personifica y se identifica con la acción creadora de Dios.
En la tradición cristiana posterior, esta Sabiduría será vista como figura del Logos eterno (cf. Juan 1:1–3).
San Cirilo de Alejandría (376–444):
“La Sabiduría es Cristo mismo, en quien habita la plenitud del Padre; en Él no hay sombra de error, y quien lo busca en pureza, halla la verdad.” (Glaphyra in Pentateuchum, II).
3. Πνεῦμα ἅγιον παιδείας — “El Espíritu Santo de la educación” (v.5)
Expresión única en la Biblia griega: muestra una visión dinámica del Espíritu como educador moral, no sólo inspirador profético.
Anticipa la pneumatología cristiana: el Espíritu como pedagogo de la verdad (cf. Jn 16:13).
Orígenes (185–254):
“El Espíritu Santo no permanece donde hay engaño, porque su enseñanza es luz, y la luz no se mezcla con la mentira.” (Hom. in Levit., II, 2).
4. Ψυχή κακοήθης — “Alma maligna” (v.4)
El alma (psyche) en la filosofía griega es principio de vida; aquí, se juzga moralmente: hay almas “aptas” o “incompatibles” con la Sabiduría.
Este verso anticipa la antropología cristiana: el alma debe purificarse para ser templo del Espíritu.
San Juan Damasceno (676–749):
“El alma del justo es morada de Dios; mas la del impío es tumba de sí misma.” (De fide orthodoxa, II, 12).
IV. Estructura teológica del capítulo
Versos 1–4: Llamado moral — amar la justicia, buscar a Dios con sencillez.
Versos 5–7: Teología del Espíritu — el Espíritu Santo pedagogo de la justicia.
Versos 8–12: Denuncia de la mentira, blasfemia y perversión.
Versos 13–16: Teodicea: Dios no hizo la muerte; los impíos la invocan.
V. Teología sapiencial: la justicia que no muere
El verso 15 —“ἡ γὰρ δικαιοσύνη ἀθάνατός ἐστιν”— es el eje de toda la antropología sapiencial.
La justicia no es solo moralidad, sino participación en la vida de Dios.
Así, el autor une la ética hebrea con la ontología griega:
Ser justo = ser inmortal (vivir en armonía con la sabiduría divina).
Ser injusto = participar de la muerte (ruptura del orden de Dios).
San Agustín (354–430):
“No muere la justicia porque en ella habita la vida de Dios. Muere el alma que se aparta de ella, pues se aparta de la fuente de su ser.” (Enarrationes in Psalmos, Ps 36, 3).
VI. Conexiones intertextuales
Tema Sabiduría Proverbios Eclesiástico NT paralelo
Sabiduría como vida 1:4–6 8:35 1:26–27 Juan 1:4
Justicia e inmortalidad 1:15 10:2 15:18 Rom 6:23
Espíritu pedagógico 1:5–6 1:7 39:6 Jn 14:26
Pureza del alma 1:4 4:23 2:17–18 Mt 5:8
VII. Aplicación teológica: la justicia que no entra en alma impura
En Sabiduría 1:4 el autor desarrolla una visión ética del alma que anticipa el concepto paulino de “templo del Espíritu”.
Así, la justicia no es algo que el hombre practica, sino un espacio donde Dios habita.
Esto contrasta con la “justicia humana” denunciada por los profetas, que se agota en obras externas.
VIII. Conclusión
El capítulo 1 del Libro de la Sabiduría establece un programa teológico completo:
La justicia como energía divina e inmortal.
El Espíritu como maestro interior.
La Sabiduría como vínculo de unión entre Dios y el alma.
Su eco se percibe en Pablo, Juan y Santiago, pero también en toda la mística patrística.
La Sabiduría que no entra en alma impura es la misma que, según la fe cristiana, se encarnó en María —la “morada pura” de la Sabiduría eterna.

Comentarios
Publicar un comentario