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¿QUÉ ES LA APOLOGÉTICA?


Etimológicamente la palabra apologética viene del griego Apologetikos la cual a su vez deriva de la palabra απολογία (apología) que significa: defensa verbal de algo. Es decir, la apologética es la defensa de una idea, de una doctrina, de un argumento. Si aplicamos esto a la fe católica entonces sería la defensa de la fe, esto es, defensa íntegra y completa de toda la doctrina cristiana. En sí, la apologética es una sola, apologética cristiana. Sin embargo, como hay tal cantidad de grupos cristianos en la actualidad, es necesario precisarla más: apologética católica, pues defendemos la fe universal, la fe apostólica, la fe católica. ¿Es necesario defender la fe? 

Creo la propia Escritura debería responder a esto: Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido. Filipenses1,7 Estos obran por amor, sabiendo que yo tengo la misión de defender el Evangelio. Filipenses 1,16 Pues bien, nuestra fe es el Evangelio completo, es la palabra de Dios y es lo que debemos defender porque esta puede ser tergiversada y usada para confundir a los miembros de la Iglesia de Cristo. San Pablo muchas veces presentó su defensa ante todo aquel que le “cuestionó su fe”: Hermanos y padres, escuchadme la defensa que ahora os dirijo. Hechos 22,1 Y he aquí mi defensa contra todos cuando me discuten. 1 Corintios 9,3 En mi primera defensa nadie me ayudó, todos me abandonaron. Que Dios no tome eso en contra de ellos. 2 Timoteo 4,16 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, 3 declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Hechos 17,2-3 Hoy en día no es común presentar una defensa de la fe cuando somos cuestionados. En general, la tendencia es a quedarse callados. 

Sin embargo, el apóstol de los gentiles no hacía eso como bien nos demuestran sus escritos. 

 Las siguientes preguntas podrían ser: ¿Cómo debe ser esta apologética? ¿Cuándo debo hacerla? 

 Y nuevamente la respuesta la encontraremos en las Sagradas Escrituras: Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. 1 Pedro 3,15 San Pedro nos indica cómo hacer apologética: con “mansedumbre y reverencia”. Y nos dice cuándo: “siempre”. Es importante esto porque debemos ser mansos de corazón y a la vez respetuosos con los demás para que a través de nuestra mansedumbre y respeto podamos también ayudar a convertir al que tiene dudas. San Pedro indica que esto debe realizarse “siempre”, lo cual denota que esto es algo que debe ser común en el cristiano, es algo con lo que uno convive, y si convives con algo acabas haciéndote parte de ello, por tanto la apologética es un estilo de vida enfocado a la santidad de la persona, donde no solo con tus argumentos debes acercar o convencer al protestante sino también con tu buen ejemplo. De nada sirve “dar razones de tu fe” por presumir conocimiento y luego vivir hipócritamente, dejando de asistir a los sacramentos, dejando de lado las virtudes cristianas, sin sacrificio, sin lucha por la santidad, etc. Si esto es así seríamos incoherentes con los predicamos. 

 La apologética es una disciplina que es parte de la Teología la cual se encarga de explicar y defender la religión cristiana. Con el paso del tiempo dejó de llamarse apologética para pasar a llamarse Teología fundamental. Sin embargo, en general la Teología Fundamental que se estudia hoy en día no se encarga de dar respuestas a todos los problemas y cuestionamientos que se plantean al cristiano, se centra sobre todo en la revelación, la existencia de Dios y el cristianismo como religión. Por ello creo necesario abarcar más para dar una respuesta precisa a todas estas interrogantes que pueden surgirle también al católico, en sus relaciones sobre todo con sus hermanos protestantes y nuevos movimientos que se autodenominan cristianos.

CONSEJOS SOBRE CÓMO REALIZAR UNA BUENA APOLOGÉTICA 

 Nadie ama lo que desconoce, nadie defiende lo que no ama 

 Es decir, es necesario conocer la doctrina católica para luego amarla con todo tu corazón. Solo si la amas con todo tu corazón podrás defenderla hasta con tu vida. La fe de la Iglesia, su doctrina y enseñanzas son muy profundas, tan profundas como las raíces de un árbol que tiene 2000 años de antigüedad. Eso significa que no se puede saber todo, que todos los días se debe seguir meditando y estudiando la fe. Este libro te da unas bases pero no os conforméis con ellas. Profundizad más. 

Cuanto más conozcas, más amaras a Cristo y a su Iglesia. 

Este amor te llevara a hacer una excelente defensa de la fe y una excelente predicación del Evangelio (Juan 14,21). Un apologista no es hipócrita Podría sonar fuerte pero es la verdad. Se debe practicar lo que se defiende, lo que se predica sino seremos hipócritas. Un verdadero apologista conoce la importancia de esto y lo pone en práctica, pues el mejor argumento es el ejemplo. Por lo tanto, hermanos, seamos fieles a Cristo y no demos falsa cara (Gálatas 2,13, Santiago 3,17). 

El ejemplo muchas veces es más útil que el mejor de los argumentos. Muchos se convierten por los ejemplos de santidad de vida que ven en las personas, pero aquellos que caen en hipocresía, como le paso a Bernabé, pueden alejar a muchos de la fe. Por eso se debe ser coherente con lo que se defiende. La soberbia mata la Apologética Evitad, os lo suplico, toda clase de soberbias y egos individuales. 

La apologética que te lleva a ser soberbio no es apologética. La soberbia mata a la Apologética. 

El apologista ante todo debe ser manso y humilde de corazón, como lo fue el Señor (Mateo 11,29) y, a su vez, astuto como serpiente (Mateo 10,16). Nadie lo sabe todo, por eso debe cada día estudiar y meditar las Escrituras, los Padres de la Iglesia y el Magisterio. El creerse uno que lo sabe todo o presumir de que es el mejor, le convierte en un soberbio y de inmediato pierde el carisma de la apologética. Recordad el Señor nos dio este carisma, este don especial e inusual de defender la fe para usarlo adecuadamente y no para presumir de él. Nosotros somos instrumentos del Señor, él es quien mueve los hilos y quien convierte, nosotros solo ponemos un granito de arena, enseñando lo poco que sabemos. Buscar la Unidad a través del amor a Cristo y su Iglesia 

El apologista no busca pelear, no busca crear confusión sino unidad, busca cumplir la petición que Cristo le realizó a su Padre en Juan 17:21. Para ello debe amar a Cristo y a su Iglesia (Efesios 5:25-27) este amor se manifiesta ayudando, evangelizando a otros hermanos con la caridad, la humildad, el ejemplo de vida, la búsqueda de la santidad, un plan de vida espiritual y religioso que debe cumplir así como también denunciando escándalos, abusos y herejías que vea y escuche con el fin de que no se confundan los más débiles en la fe (Judas 1:22) pero siempre de manera prudente y sin críticas malsanas. Recuerda: quién ama también ayuda a otro a mejorar corrigiéndole y guiándole. Amemos a la Iglesia, para ello amemos a todos y cada uno de sus miembros. 

 Amar a María 

 María es la primera apologista pues fue la primera cristiana que hizo la voluntad de Dios (Lucas 1:38). Es un ejemplo de perseverancia, de oración, santidad y amor hacia todos nosotros y en especial hacia su hijo Jesús. Ella nos enseñó la lección más importante que un cristiano debe aprender: "Haced lo que él les diga” (Juan 2:5). Cumpliendo este mandato conseguiremos ser uno, guardando sus palabras, predicando, amándonos, buscando la santidad diaria, orando sin cesar etc. María oraba por la Iglesia (Hechos 1:14), y oraba por ella porque la amaba, sigamos su ejemplo. Nosotros también debemos amar a nuestra Madre, la que el Salvador nos dejó en la Cruz (Juan 19:27), recibirla en nuestro corazón, entre las cosas más íntimas, como hizo el discípulo amado. Uno de los himnos marianos más antiguos dice de María: Salve, muralla invencible - de todo el Imperio. 

Tomemos estas palabras y usémoslas en nuestro apostolado, pidamos su ayuda en la apologética, que nos ayude a enseñar, a predicar, a debatir, a dar a conocer los misterios de Dios, y sobre todo a ser una muralla invencible para los herejes. Orar antes y después La oración es una parte muy importante en la apologética. Tenemos, por un lado, que pedir al Señor que nos ayude antes de exponer un tema, antes de debatir, de evangelizar, de predicar y, por el otro, pedir al Señor que nos ayude después de la exposición y si es su voluntad que esta defensa de la fe que hemos realizado dé frutos. San Pablo dice "orad constantemente" (1 Tesalonicenses 5,17) y es que un cristiano sin oración, es un soldado sin armas. 

Un apologista que no reza no le sirve de nada lo que está haciendo. 

El Señor nos pide orar asiduamente (Lucas 18,1). Si la apologética es importante para nosotros no descuidaremos la oración. Un encuentro con Cristo vivo y resucitado Si no somos personas de una fuerte espiritualidad, antes de meternos en la apologética debemos cultivar esta, porque es a través de ella donde encontraremos a Cristo. Todos los conversos suelen ya haber experimentado esto y ser personas con una fe muy grande. Ellos son ejemplo para nosotros los que no somos conversos ni hemos tenido un encuentro tan directo con el Señor. Día a día la fe del apologista debe ir creciendo para así sentirnos más capaces de llevar a cabo esta misión de explicar y defender la fe. 

Para que tu fe crezca, se debe orar, estudiar, vivir conforme al Evangelio, y lo más importante: tener mucha caridad. Un encuentro con la Iglesia Fundamental es que el apologista valore el tesoro que Cristo nos dejó, y sobre todo que asista a misa y a la comunión pues una vida sacramental siempre te ayuda a aumentar la espiritualidad y te acerca más a la Iglesia. Recordemos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo (Efesios 1,22-23); por tanto, es fundamental amarla y obedecerla. Nadie puede defender lo que no ama. Vivir en santidad Es necesario que seamos ejemplo para otras personas. 

La mejor defensa de la fe se hace con la propia vida, nosotros somos ejemplo para todos los demás y este ejemplo que transmitimos puede ayudar a muchas personas a convertirse o a alejarse de la Iglesia. Por eso es fundamental llevar una vida lo más santa posible, acudiendo asiduamente a la Comunión y al Sacramento de la Reconciliación pero sobre todo no hacer lo que enseñamos que está mal, por ejemplo, si decimos que emborracharse es pecado entonces no podemos emborracharnos sino claramente seríamos hipócritas. Una vida de santidad conlleva una vida de oración, rezar el Rosario a menudo es un buen paso para iniciar nuestra vida de Santidad, pues recordemos, “la oración es la fortaleza del hombre y la debilidad de Dios”. Tener las herramientas necesarias 

 Como última mención de este apartado, hay que decir que la apologética no serviría de nada si no usamos las herramientas necesarias, es como poner puntas sin martillo. Por eso para que la apologética sirva hoy en día necesitamos una serie de materiales como los siguientes: 

 1. Las Sagradas Escrituras : Básicas para el diálogo con cualquier hermano cristiano no católico. 

La Biblia es el alma de la Teología Católica y por tanto es imprescindible conocerla bien para poder usarla en los debates con los hermanos. Es recomendable una paráfrasis de las citas bíblicas a usar de modo quede clara desde el principio la enseñanza y la doctrina que de ella emana. La versión de la Biblia a usar dependerá de cada uno, algunos prefieren usar solamente Biblias católicas y otros buscando familiarizarse más, usan sus versiones como la Reina Valera. Lo importante es usarla y saber fundamentar toda doctrina con ella. 

Es la herramienta fundamental para el diálogo con los hermanos protestantes ya que estos casi nunca aceptan textos que no sean bíblicos. 

 2. El Catecismo de la Iglesia Católica : Fundamental para todo católico y para hacer apologética pues en él viene todas las doctrinas que creemos y de esa forma podremos enseñar al hermano no católico que lo que él predica sobre nosotros no está en el Catecismo y por tanto no es parte del depósito de nuestra fe (como el adorar a María y a los Santos). Es por eso muy necesario tenerlo siempre contigo, además de conocerlo y ver las citas bíblicas que se usan para cada doctrina. 

 3. Documentos de la Iglesia : Es necesario conocer algunos documentos de la Iglesia de forma que se sepa que es lo que últimamente ha dicho el Papa y que es lo que no dijo, pues lamentablemente existe mucha manipulación hoy en día en la prensa y por eso tenemos que conocer estos textos bien, además de ser de gran riqueza teológica para todo católico. 

4. Conocer la Historia Universal : Muchas objeciones que nos presentan los hermanos separados, como Constantino, Inquisición, etc., son de historia y por tanto es necesario que el apologista conozca algo de ellas para saber responder a estas acusaciones correctamente. Una buena enciclopedia será más que suficiente para esto o también algún libro escrito por historiadores sobre la Iglesia. Para debatir temas como las leyendas negras o Constantino con un protestante medio bastaría cualquier libro de historia eclesiástica o enciclopedias. 

 5. Sentido Común : Ante todo, el argumento expuesto por el católico debe ser razonable, lógico y veraz; por tanto, se debe dialogar con sentido, no dialogar por dialogar. 

Con los ateos, que no aceptan la Biblia, hacerles ver como desde la ciencia, su postura no tiene sentido, para lo cual usaremos el sentido común y las ciencias. 

 6. Patrística : El conocer a los santos Padres, sus escritos, es algo muy importante para sustentar las doctrinas católicas. De esta manera demostraremos que nuestra fe coincide con la de los primeros cristianos, que no ha sufrido cambios y se mantiene intacta. La lectura de las obras de los santos padres ha convertido a muchos pastores protestantes. Por eso debemos conocer y saber usar esta arma de la mejor manera posible incluso para reforzar más nuestro argumento.

NORMAS BÁSICAS PARA DEBATIR 

 Ante todo, no olvidar nunca la premisa principal: el apologista busca salvar almas, no ganar debates. Cuando debatimos en Facebook o en otros foros de la red, así como cuando se debate de manera personal, debemos siempre guardar unas normas que van a ayudarnos a hacer el debate más fructífero y edificante. Debatir siempre buscando la verdad No dejes de recordarles esto. Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes. 2 Timoteo 2,14 Pero evita controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor. Tito 3,9 

 Todas aquellas discusiones que no lleven a la búsqueda de la verdad, deben ser evitadas, es perder el tiempo. Cuando un hermano protestante debate, depende de su actitud el ver si verdaderamente quiere buscar la verdad o solo quiere debatir por debatir, si es lo segundo no merece la pena debatir. También es necesario valorar donde se está debatiendo, porque puede ser que sea necesario debatir para que los “lectores pasivos”, foristas pasivos, lean y salgan de dudas. Muchas veces existen este tipo de foristas que solo leen y si das una buena respuesta, les puedes ayudar a aclarar dudas. 

Esto debe tenerse muy presente a la hora de debatir. Evitar usar palabras malsonantes o insultos 

 Nada se logra en un debate usando falacias “ad hominen”, insultos, desprestigiando al otro, o a sus argumentos. Tampoco sirve el juzgar al otro, criticarle. Debemos, pues, evitar caer en estas tentaciones. Yo sé que muchas veces ellos critican e insultan duramente, pero nosotros que poseemos la verdad completa, debemos mostrar santidad hasta en eso, evitando caer en su juego. Centrarse en un solo tema Es muy común en todo debate que se cambie de tema sobre la marcha, esto debe evitarse, centrarse en un tema es primordial. Por ello cuando el protestante intente cambiar de tema, tenemos recordarle de buenas maneras que ese no es el tema que se está debatiendo, y volver a citar el tema, para que vuelva al mismo. Si no somos capaces de encerrarle en el tema, al final el post se llenará de off topics y nadie podrá seguir la conversación, ni aprenderá del debate y al final nada habrá quedado claro. Por eso es muy importante este punto. Un debate centrado en un solo tema, es ameno, fácil de leer, y se aprende mucho de él. 

 Eliminar la soberbia de nuestros corazones 

Para esto de los debates, como para todo en la vida, la soberbia es mala consejera. 

Eso de creerse que ya se sabe todo y presumir de esto, no ayuda en nada en el debate. Quizás veamos esta actitud en nuestro hermano protestante, enfrentémosla con la humildad, pues la humildad es la que gana la batalla a la soberbia. Si nuestro objetivo es ganar almas, no debemos caer en soberbias en los comentarios, tampoco debemos presumir que sabemos, siempre la actitud humilde en el debate nos ayudara. Recordemos que el Espíritu Santo resiste a los soberbios (Santiago 4,6). Hemos de aprender del mejor de todos los apologistas, Cristo: “Soy manso y humilde” (Mateo 11,29). Responder siempre con humildad, nos garantizará que estamos haciendo las cosas bien y vamos por el camino correcto. 

No se puede buscar la verdad sin contestar con humildad. Decía San Pedro Canisio: "No hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma”. Para no herir ni humillar, se necesita la humildad. Pidamos al Señor que nos conceda esta virtud. Procuremos contestar todas las preguntas 

 Es importante contestar todas las preguntas que nos haga el hermano protestante, siempre que tengan que ver con el tema tratado. Recordemos todas las preguntas tienen respuesta en el Catolicismo, por ello debemos buscar la respuesta siempre. Puede ser que de nada sirva al protestante tu respuesta, pero sí puede ayudar a aquel que está leyendo los mensajes. Muchas veces hay hermanos que están buscando la verdad y ver un debate le ayuda a encontrar la verdad y regresar al Catolicismo. Si ve que contestamos solo lo que queremos, entonces no se convencerá de que aquí está la verdad. 

La máxima de esto es que “la verdad siempre puede ser probada” por tanto, siempre existirá una respuesta precisa a toda objeción. Cultivar la virtud de la paciencia Pidámosle al Señor esta tan preciada virtud de la que nos habla San Pablo en Efesios 4,2, Colosenses 3,2-13. Con la paciencia podremos soportar los ataques a la fe, la soberbia, contendremos nuestra ira y nuestra desesperación. Es clave en la apologética saber usar muy bien esta virtud, pues con ella podremos lograr grandes conversiones. Solo a través de la oración podemos obtenerla. Oración permanente Es fundamental que antes y después de todo debate se eleve alguna oración a Dios, bien pueden ser jaculatorias, bien oraciones conocidas por todos, para que él en su inmensidad mande al Espíritu Santo y este obre frutos en el corazón del hermano no católico. Sin oración, no haremos nada, el debate será inútil y nuestro objetivo que era salvar un alma se habrá perdido. Por ello es tan importante orar. María santísima, nuestra madre, es la “muralla invencible”; solicitemos su intercesión en tan loable misión.

Jesús Manuel Urones Rodríguez

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