Ian Gianz
La Evidencia Histórica de la Septuaginta como la Biblia de la Iglesia Primitiva
La cuestión del canon no es puramente teológica; es profundamente histórica. Para comprender por qué Jesús y la Iglesia apostólica citan libremente los deuterocanónicos, es indispensable analizar qué versión del Antiguo Testamento existía y circulaba en el judaísmo del siglo I.
La tesis de este capítulo es clara: La Biblia de Jesús y los apóstoles fue la Septuaginta (LXX), no el canon hebreo fariseo que más tarde adoptaría la tradición protestante.
Esta afirmación no es especulativa: se apoya en datos manuscritos, arqueológicos, literarios y patrísticos.
1. ¿Existía un “canon hebreo cerrado” en tiempos de Jesús? La respuesta es NO
Muchos asumen que Jesús usó el canon hebreo idéntico al Tanaj moderno. Sin embargo:
No existía un canon judío uniforme en el siglo I.
No existía consenso entre fariseos, saduceos, esenios y judíos helenistas sobre qué libros eran “inspirados”.
Diversas comunidades judías usaban colecciones diferentes.
1.1. El canon fariseo no se fijó hasta después de Cristo (Jamnia/Javne, 90–100 d.C.)
La famosa reunión de Javne (Jamnia) no definió un canon formal, pero sí comenzó un proceso de consolidación de un canon hebreo reducido, excluyendo:
Sabiduría
Tobías
Judit
Baruc
1–2 Macabeos
Sirácides
Partes de Ester
Fragmentos de Daniel (Susana, Bel y el Dragón)
Los mismos rabinos que rechazaron estos libros:
también rechazaron el Nuevo Testamento completo.
Por lo tanto: Aceptar la autoridad de Javne para definir el canon del Antiguo Testamento implica aceptar la autoridad de quienes rechazaron a Cristo.
2. La Septuaginta (LXX): La Biblia del judaísmo de la diáspora y de los cristianos
2.1. ¿Qué era la LXX?
La Septuaginta fue la traducción griega del Antiguo Testamento realizada entre los siglos III y I a.C.
Incluía todos los libros que hoy llamamos protocanónicos + deuterocanónicos.
Era usada masivamente por:
judíos de Egipto
judíos de Siria
judíos de Asia Menor
judíos de Grecia
judíos de Roma
sinagogas helenistas en Judea
2.2. El Nuevo Testamento cita el Antiguo Testamento 300 veces: más del 80% desde la LXX
Estudios filológicos demuestran que las citas exactas del NT coinciden textualmente con la versión griega LXX, no con el texto hebreo masorético posterior.
Los apóstoles citan pasajes que solo existen en la LXX o que tienen un sentido teológico diferente al hebreo masorético.
Ejemplos breves: Hebreos 10:5 cita Salmo 40:6 según la LXX (“me preparaste un cuerpo”), una frase que no existe en el hebreo.
Romanos 3:12–18 cita un mosaico de textos LXX que no aparecen juntos en el hebreo.
La Biblia citada por Jesús y la Iglesia apostólica contenía los deuterocanónicos, pues formaban parte de la LXX.
3. La comunidad de Qumrán confirma que el judaísmo del siglo I no tenía canon fijo
Los manuscritos del Mar Muerto revelan algo crucial: Se encontraron manuscritos hebreos y arameos de Tobías, Sirácides y fragmentos coincidentes con Sabiduría.
Qumrán usaba versiones “extendidas”, no la forma masorética moderna.
Los esenios aceptaban libros que el canon fariseo luego excluyó (Enoc, Jubileos, Sirácides, Tobías, etc.).
Esto demuestra que: No había canon fijo.
Los deuterocanónicos circulaban en hebreo o arameo, refutando la objeción protestante de que “solo existían en griego”.
4. Los judíos alejandrinos y la autoridad de la LXX
Alejandría era el mayor centro intelectual judío de la diáspora. Allí:
La comunidad judía usaba la LXX exclusivamente.
Filón de Alejandría (contemporáneo de Jesús) la cita como Escritura inspirada.
No hay evidencia de que excluyeran los deuterocanónicos.
La idea de que “los judíos no aceptaban esos libros” contradice todo lo que sabemos de la cultura judía helenista.
5. ¿Qué Biblia usaban Jesús y los apóstoles?
Las evidencias internas del NT, las citas textuales, el contexto lingüístico y la recepción patrística coinciden: Jesús y los apóstoles usaron la Septuaginta.
Esto implica: Usaron un canon más amplio que el canon hebreo moderno.
Utilizaron libros que luego fueron llamados deuterocanónicos sin señalarlos como problemáticos.
Enseñaron doctrina usando textos deuterocanónicos (ej.: Sabiduría 2 → Pasión de Cristo; Sabiduría 16 → puertas del Hades; Macabeos → resurrección).
6. El canon protestante es una reconstrucción tardía (s. XVI)
La Reforma adoptó el canon hebreo fariseo por motivos polémicos: Los textos deuterocanónicos apoyaban doctrinas católicas rechazadas (oración por los difuntos, intercesión angelical, limosna redentora, martirio expiatorio, etc.).
Martín Lutero rechazó incluso libros del Nuevo Testamento (Santiago, Judas, Hebreos, Apocalipsis).
Los reformadores siguieron acríticamente el canon rabínico que se fijó después de Cristo.
Por eso, el canon protestante no representa la Biblia de Jesús, sino la Biblia de una facción rabínica post-cristiana del siglo II.
7. Conclusión del Capítulo 4
Este capítulo muestra que: No existió un canon hebreo cerrado en tiempos de Jesús.
El judaísmo del siglo I utilizaba colecciones diversas.
La Septuaginta —que incluía los deuterocanónicos— era la Biblia dominante del mundo judío.
El NT cita la LXX, no el texto hebreo masorético.
Qumrán confirma que los deuterocanónicos circulaban en hebreo.
Los Padres de la Iglesia reconocieron y utilizaron estos libros como Escritura.
El canon protestante no es el canon de Jesús ni el de la Iglesia primitiva, sino una selección posterior basada en Javne y retomada en la Reforma.
Por lo tanto, la exclusión protestante de los deuterocanónicos carece de fundamento histórico, textual y teológico.
NOTAS
Sobre la diversidad canónica del judaísmo del Segundo Templo: VanderKam, The Dead Sea Scrolls and the Bible.
Sobre Javne: Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church (discusión crítica).
Análisis lingüístico NT–LXX: Jobes & Silva, Invitation to the Septuagint.
Filón y la LXX: Goodenough, By Light, Light.
Qumrán y los textos deuterocanónicos: Martínez, Textos de Qumrán.
Agustín y el canon: De Doctrina Christiana, II.
El canon en Hipona y Cartago: documentos conciliares (393, 397, 419).
Comentarios
Publicar un comentario