Si hiciéramos una encuesta sobre la acusación más común que recibimos como católicos es el de idólatras. Ya se ha vuelto un estereotipo por parte de quienes no entienden nuestra fe y nos acusan de algo que no tiene respaldo realmente. Recordemos por ejemplo aquel grupo de evangélicos en Ecuador que quemó imágenes del Papa Francisco frente a una parroquia, como rechazó a la idolatría en nuestra Iglesia. Todo inicia por un pasaje del libro de Éxodo que nos narra:
No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian (Ex 20, 3-5)
Quien ha escuchado la acusación hecha con este pasaje siempre verá que empieza con la prohibición de hacer imágenes, pero es que la prohibición tiene sentido por lo dicho antes: No habrá para ti otros dioses delante de mí. Es decir, Dios prohíbe las imágenes que representan a otros dioses y no permite que se les represente bajo ningún tipo de figura de lo que había arriba, debajo o en la tierra. No es entonces, que se prohíba cualquier tipo de imagen sino la que represente “dioses” o que convirtamos en dioses.
Lo segundo desprendido del pasaje, es el culto dado a estas imágenes de dioses. Por lo tanto está prohibido fabricar imágenes de dioses y darles culto o postrarse ante ellas. La Iglesia Católica enseña lo mismo: El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión. (CIC 2110) Lo que ha sucedido con quienes nos atacan es que: Piensan que la adoración está en la postura corporal más que en la disposición del alma, pero la verdad se puede idolatrar muchas cosas sin tener que doblar la rodilla (Col 3, 5) Confunden imagen con ídolo, ya que las traducciones colocan “imágenes” en los pasajes, pero en el idioma hebreo son diferentes. Ídolo se traduce de “pesel” e imagen se traduce de “tselem”. De esta forma, la Biblia condena fabricar “pesel” pero no condena fabricar “tselem”.
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