Hija del Rey
G.D
Inspirada en Salmo 45
Corre el viento anunciando su llegada,
el Juez Justo avanza en verdad.
Su espada es recta, su voz encendida,
su trono es pureza, firmeidad.
Los pueblos miran su paso sereno,
sus manos trazan justicia y paz.
Sus labios llevan palabras
que encienden
el alma que aprende a despertar.
Y allí viene la Hija del Rey,
radiante,
vestida de luz y miel.
Sus pasos doran el sendero aquel,
es canto vivo, es fuerza y piel.
Ella entra danzando ante el Juez Justo,
como aurora que rompe el ayer.
En su semblante reposa el rumbo:
un reino nuevo comienza a nacer.
La corte vibra en murmullos dorados,
la historia se inclina a mirar.
En su belleza hay un fuego antiguo
que no se puede desvelar.
La acompañan voces, cuerdas y brillos,
princesas tejidas en honor.
La Hija del Rey avanza sin miedo,
su rostro es calma, su paso amor.
Y allí viene la Hija del Rey,
radiante,
vestida de luz y miel.
Sus pasos doran el sendero aquel,
es canto vivo, es fuerza y piel.
Ella entra danzando ante el Juez Justo,
como aurora que rompe el ayer.
En su semblante reposa el rumbo:
un reino nuevo comienza a nacer.
Quien la vea sabrá que el mundo
aún guarda voces sin doblegar.
Su luz devuelve la antigua promesa:
lo puro siempre volverá.
Y el Juez Justo al verla llegar
sonríe al tiempo, lo deja pasar.
La Hija del Rey, en gloria y verdad,
cruza las puertas… para no regresar.
Un canto eterno vuelve a brotar,
y el reino empieza a respirar.
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