G.D
(Canción inspirada en Apocalipsis 5 y la comunión de los justos)
En el borde del mundo, donde el tiempo cae,
se alza un salón de ecos que nadie puede callar.
Allí se abren libros que guardan huellas de ayer,
y voces antiguas vuelven a renacer.
Hay manos de siglos que aún siguen en pie,
rostros que el polvo nunca pudo vencer.
Dicen que duermen, pero saben vivir,
tras el velo donde empieza el latir.
Llevan copas de oro, llenas de un brillo sutil,
como fragancias que suben desde lo frágil.
Son pétalos de ruego, hojas que buscan sanar,
susurros que un alma no puede apagar.
No son sombras perdidas, ni silencios sin luz,
son aliados del viaje que emprende tu voz.
Y cuando el mundo se rompe en su contradicción,
ellos elevan tus pasos al corazón mayor.
Dicen que la muerte es un sueño sin fin,
pero el eco de los justos no deja de arder.
No están lejos, sólo al filo del aire,
despiertos en un reino que no sabe de caer.
Copas de luz, subiendo al amanecer,
manos que llevan lo que intentas creer.
Entre nubes de incienso, alguien te escuchó,
porque nadie camina su historia solo.
Copas de luz, ardiendo en el firmamento,
justos que velan tu último intento.
Y aunque el mundo se rompa,
queda un hilo azul:
toda vida es guardada en copas de luz.
Dicen que algunos niegan que puedan actuar,
que el silencio del cuerpo impide amar.
Pero hay un fuego en los que fueron fieles,
un pulso que el polvo nunca detiene.
Ellos conocen la herida del hombre,
y su paso frágil sobre un mundo que esconde
guerras,
mentiras, nombres sin fe,
pero elevan cada ruego sin dejarlo caer.
Dicen que no saben lo que ocurre aquí,
pero su paz es luciérnaga en la noche sin fin.
Y cuando el alma se agrieta por dentro,
sus voces sostienen lo que ya no entiendo.
Copas de luz, subiendo al amanecer,
manos que llevan lo que intentas creer.
Entre nubes de incienso, alguien te escuchó,
porque nadie camina su historia solo.
Copas de luz, ardiendo en el firmamento,
justos que velan tu último intento.
Y aunque el mundo se rompa,
queda un hilo azul:
toda vida es guardada en copas de luz.
Y si creías que estabas solo,
mira bien:
hay un coro de siglos respirando tu fe.
La línea entre mundos se vuelve papel,
y tu nombre aún vibra en la luz del ayer.
En copas de oro, el eco sigue,
en manos antiguas que nunca se extinguen.
Sueños, heridas, todo se eleva:
nadie está solo cuando el alma sincera.
Copas de luz…
y al final del camino,
alguien te espera.
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