A estos hombres que dedicaron su vida a la santidad , se suma una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido por la envidia numerosas humillaciones y torturas, nos brindaron un ejemplo excelente. Por la envidia , aquellas mujeres , las Danaides y Dircæ, perseguidas tras haber padecido tormentos terribles e indescriptibles, perseveraron en la fe y, aunque débiles físicamente, recibieron una noble recompensa. La envidia ha separado a las esposas de sus maridos y ha cambiado aquella afirmación de nuestro padre Adán: « Este sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne» ( Génesis 2:23) . La envidia y la contienda han derribado grandes ciudades y han desarraigado naciones poderosas.
A estos hombres que dedicaron su vida a la santidad , se suma una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido por la envidia numerosas humillaciones y torturas, nos brindaron un ejemplo excelente. Por la envidia , aquellas mujeres , las Danaides y Dircæ, perseguidas tras haber padecido tormentos terribles e indescriptibles, perseveraron en la fe y, aunque débiles físicamente, recibieron una noble recompensa. La envidia ha separado a las esposas de sus maridos y ha cambiado aquella afirmación de nuestro padre Adán: « Este sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne» ( Génesis 2:23) . La envidia y la contienda han derribado grandes ciudades y han desarraigado naciones poderosas.
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