Los apóstoles nos predicaron el evangelio de parte del Señor Jesucristo ; Jesucristo lo hizo de parte de Dios . Cristo, pues, fue enviado por Dios , y los apóstoles por Cristo. Ambos nombramientos, por tanto, se hicieron de manera ordenada, conforme a la voluntad de Dios . Habiendo recibido, pues, sus órdenes, y plenamente convencidos por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo , y afianzados en la palabra de Dios , con la plena seguridad del Espíritu Santo , salieron proclamando que el reino de Dios se había acercado. Y así, predicando por países y ciudades, designaron a los primeros frutos [de su trabajo], habiéndolos probado primero por el Espíritu , como obispos y diáconos de los que después habrían de creer . Y esto no era nada nuevo, pues desde muchos siglos antes se escribió acerca de obispos y diáconos . Porque así dice la Escritura en cierto lugar: « Yo designaré a sus obispos en justicia, y a sus diáconos en fe ».
PRÓLOGO Autor: Ian Gianz ¿Roma es la gran ramera? Una investigación exegética y profética desde las fuentes originales A lo largo de los siglos, la imagen de “la gran ramera” descrita en el Apocalipsis de Juan (capítulos 17–18) ha sido una de las más polémicas y, paradójicamente, una de las menos comprendidas. Diversas denominaciones y corrientes teológicas —especialmente aquellas surgidas tras la Reforma— han levantado esta figura como un estandarte de acusación contra la Iglesia Católica, identificándola, sin mayor análisis, con “Babilonia la Grande”. Pero, ¿es esto lo que realmente dice el texto sagrado? ¿Anuncia el Apocalipsis una visión anticatólica? ¿O se trata de una relectura profética del drama de Israel, de su historia de infidelidad y redención, que muchos interpretaron superficia...
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