Así pues, hermanos, actuemos con toda energía como soldados, conforme a sus santos mandamientos. Consideremos a quienes sirven bajo el mando de nuestros generales, con qué orden, obediencia y sumisión cumplen las órdenes que se les encomiendan. No todos son prefectos, ni comandantes de mil, ni de cien, ni de cincuenta, ni nada parecido; cada uno, en su rango, cumple las órdenes del rey y los generales.
El grande no puede subsistir sin el pequeño, ni el pequeño sin el grande. Hay una especie de interrelación en todas las cosas, y de ahí surge el beneficio mutuo. Tomemos nuestro cuerpo como ejemplo.
La cabeza no es nada sin los pies, y los pies no son nada sin la cabeza; sí, incluso los miembros más pequeños de nuestro cuerpo son necesarios y útiles para el organismo en su totalidad. Pero todos trabajan en armonía y se rigen por una misma regla para la conservación del cuerpo entero.
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