Por tanto, puesto que somos parte del Santo, practiquemos la santidad , evitando toda calumnia, todo abrazo impuro y abominable, toda embriaguez , todo deseo desmedido, toda lujuria detestable, el adulterio abominable y la soberbia execrable . Porque Dios , [dice la Escritura ], resiste a los orgullosos , pero da gracia a los humildes . Unámonos, pues, a aquellos a quienes Dios ha dado gracia . Revestímonos de concordia y humildad, ejercitando siempre el dominio propio, alejándonos de toda murmuración y calumnia, justificados por nuestras obras, y no por nuestras palabras. Porque [la Escritura ] dice:
«El que mucho habla, mucho oirá». ¿Y se cree justo el que es muy hablador? Dichoso el nacido de mujer , aunque su vida sea corta; no seas dado a hablar mucho. Que nuestra alabanza sea a Dios , y no a nosotros mismos; pues Dios aborrece a los que se alaban a sí mismos. Que otros den testimonio de nuestras buenas obras , como lo hicieron nuestros justos antepasados. La osadía, la arrogancia y la audacia son propias de los malditos de Dios ; pero la moderación, la humildad y la mansedumbre son propias de los bendecidos por Él.
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