Consideremos, amados, cómo el Señor nos demuestra continuamente que habrá una resurrección futura, de la cual Él ha constituido al Señor Jesucristo como primicia al resucitarlo de entre los muertos. Contemplemos, amados, la resurrección que se lleva a cabo constantemente. Día y noche nos anuncian la resurrección. La noche se hunde en el sueño y amanece; el día se desvanece y llega la noche. Observemos los frutos de la tierra, cómo se siembra el grano. El sembrador ( Lucas 8:5) sale y lo arroja a la tierra, y la semilla, aunque seca y desnuda al caer, se disuelve gradualmente. Entonces, de su disolución, el poderoso designio del Señor la hace brotar de nuevo, y de una sola semilla surgen muchas que dan fruto.
PRÓLOGO Autor: Ian Gianz ¿Roma es la gran ramera? Una investigación exegética y profética desde las fuentes originales A lo largo de los siglos, la imagen de “la gran ramera” descrita en el Apocalipsis de Juan (capítulos 17–18) ha sido una de las más polémicas y, paradójicamente, una de las menos comprendidas. Diversas denominaciones y corrientes teológicas —especialmente aquellas surgidas tras la Reforma— han levantado esta figura como un estandarte de acusación contra la Iglesia Católica, identificándola, sin mayor análisis, con “Babilonia la Grande”. Pero, ¿es esto lo que realmente dice el texto sagrado? ¿Anuncia el Apocalipsis una visión anticatólica? ¿O se trata de una relectura profética del drama de Israel, de su historia de infidelidad y redención, que muchos interpretaron superficia...
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