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CAPÍTULO II — EL ARCA DEL PACTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO: SÍMBOLO DE LA PRESENCIA Y FIGURA DEL CUMPLIMIENT

 

IAN GIANZ


1. El contexto del Éxodo: el Arca como corazón del santuario

El relato de la construcción del Arca del Pacto en Éxodo 25:10–22 marca el punto culminante de la teofanía sinaítica. El Dios invisible que habló desde el monte decide ahora establecer su morada permanente entre los hombres. La orden es precisa:

«וְעָשׂוּ אֲרוֹן עֲצֵי שִׁטָּה, אַמָּתַיִם וָחֵצִי אָרְכָּהּ וְאַמָּה וָחֵצִי רָחְבָּהּ וְאַמָּה וָחֵצִי קוֹמָתָהּ»
Weʿāsû ’ārôn ʿaṣê šîṭṭâ, ’ammātayim wāḥēṣî ’orkāh, we’amāh wāḥēṣî raḥbāh, we’amāh wāḥēṣî qomātāh.
“Harán un arca de madera de acacia; su longitud será de dos codos y medio, su anchura de un codo y medio, y su altura de un codo y medio.” (Éx 25:10)

El material —madera incorruptible recubierta de oro puro— simboliza la unión entre humanidad y divinidad: la madera, frágil pero viva, representa la humanidad; el oro, incorruptible y resplandeciente, la naturaleza divina. En el pensamiento patrístico, esta doble materia anticipa la unión hipostática del Verbo encarnado¹.

El Arca debía colocarse en el Santo de los Santos, espacio inaccesible salvo para el sumo sacerdote, una vez al año en el Día de la Expiación (Lv 16). Allí se encontraba el propiciatorio (kappóret), cubierto por dos querubines de oro con las alas extendidas, desde donde Dios hablaría:

«Y me reuniré contigo, y hablaré desde encima del propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el Arca del Testimonio» (Éx 25:22).

Esta declaración convierte al Arca en el trono terrestre de Yahvé, el lugar de su voz y su revelación.


2. Los tres elementos contenidos en el Arca

Hebreos 9:4 nos recuerda que dentro del Arca estaban:

  1. La urna de oro con el maná,

  2. La vara de Aarón que floreció,

  3. Las tablas del pacto.

Cada uno de estos elementos es una señal del pacto y una profecía de la plenitud mesiánica:

a. El maná — alimento celestial

«Y dijo Moisés: Toma una vasija, pon en ella un gomer lleno de maná, y guárdalo para vuestros descendientes» (Éx 16:33).

El maná (מָן) es signo de la providencia divina, del pan que desciende del cielo. En el Evangelio de Juan, Jesús retoma esa imagen:

«No os dio Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo» (Jn 6:32, 51).

La tipología es clara: el maná antiguo prefigura la Eucaristía, el verdadero alimento de la nueva alianza.

b. La vara de Aarón — autoridad sacerdotal

«Y brotó la vara de Aarón para la casa de Leví, y echó flores, y produjo almendras» (Núm 17:8).

La vara seca que florece milagrosamente simboliza el poder vivificador del sacerdocio divino. En Hebreos 7, Cristo es presentado como Sumo Sacerdote eterno, no según el orden de Aarón, sino según el orden de Melquisedec.
La vara, pues, prefigura la vida que brota de la muerte, una imagen del Cristo resucitado.

c. Las tablas del Pacto — Palabra escrita

«Y pondrás en el Arca el testimonio que yo te daré» (Éx 25:16).

Las tablas de piedra representan la Ley escrita por el dedo de Dios (Éx 31:18). En el Nuevo Testamento, esta Ley se cumple y se encarna en Cristo:

«La Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Jn 1:17).

Por tanto, el Arca contenía la Palabra, el Pan y el Sacerdote — tres realidades que encuentran su cumplimiento en la persona de Cristo y, por participación, en la maternidad de María.


3. El Arca en la historia de Israel: signo de victoria y juicio

El Arca no fue un objeto estático. Los libros históricos narran su dinámica presencia a lo largo de la travesía del pueblo.
En Josué 3–6, el Arca se convierte en signo de victoria: las aguas del Jordán se detienen ante ella, y Jericó cae cuando el Arca da siete vueltas en procesión. La teología subyacente es clara: donde está el Arca, allí está Dios (cf. Jos 3:11).

Sin embargo, también es signo de juicio. Cuando los hijos de Elí la tratan como un amuleto, el Arca es capturada por los filisteos (1 Sam 4:10–11). La gloria de Israel parece partir, y la esposa de Finés exclama:

«¡Traspasada está la gloria de Israel, porque el Arca de Dios ha sido tomada!» (1 Sam 4:22).

El término kabôd (“gloria”) aquí vuelve a señalar la presencia divina: cuando el Arca se ausenta, la gloria se retira.


4. El Arca en la casa de Obed-Edom: símbolo de bendición

Tras su retorno, el Arca permanece tres meses en casa de Obed-Edom, y “Yahvé bendijo a Obed-Edom y a toda su casa” (2 Sam 6:11).
Los Padres de la Iglesia vieron aquí un paralelismo con la Visitación: María, llevando en su seno al Verbo, permanece también tres meses en casa de Elisabet (Lc 1:56).
El texto lucano repite incluso la misma estructura verbal y emocional:

  • David exclama: “¿Cómo ha de venir a mí el Arca del Señor?” (2 Sam 6:9).

  • Elisabet exclama: “¿De dónde a mí que venga la madre de mi Señor?” (Lc 1:43).

El Arca produce gozo: David danza ante ella (2 Sam 6:14); Juan el Bautista salta en el vientre de su madre (Lc 1:44).
Estos paralelos literarios son tan precisos que ningún exégeta duda de la intención tipológica de Lucas: María es la nueva portadora de la Presencia divina.


5. El Arca y el Templo: permanencia de la gloria

En los libros de los Reyes y Crónicas, el Arca ocupa el centro del Templo de Salomón. Cuando se introduce el Arca en el santuario, el texto dice:

«Y aconteció que cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Yahvé… porque la gloria de Yahvé había llenado la casa» (1 Re 8:10–11).

Esta manifestación es la repetición ampliada de Éxodo 40:34–35. La “nube” (ʿānān) es signo visible de la Shekinah, la presencia divina establecida.

Sin embargo, los profetas anuncian que esta gloria se retirará a causa del pecado (Ez 10:18–19), y que solo en los tiempos mesiánicos volverá la gloria a habitar en medio de su pueblo (Zac 2:10–11).

Esta promesa encuentra su cumplimiento en la Encarnación: «El Verbo se hizo carne y puso su morada (ἐσκήνωσεν) entre nosotros» (Jn 1:14). La gloria (δόξα) que abandonó el Templo retorna, no ya a un edificio, sino a un seno humano.


6. El destino del Arca y su misterio escatológico

Según 2 Macabeos 2:4–8 (texto deuterocanónico), el profeta Jeremías ocultó el Arca en una cueva del monte Nebo:

«Y el lugar permanecerá desconocido hasta que Dios reúna a su pueblo y muestre su misericordia.»

El texto anticipa una revelación final del Arca, asociada al retorno de la gloria divina en los últimos tiempos.
El Apocalipsis retoma exactamente esta expectativa:

«Fue abierto el templo de Dios en el cielo, y fue vista el Arca de su Pacto» (Ap 11:19).

Inmediatamente después, Juan describe a «una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas» (Ap 12:1).
La yuxtaposición literaria indica que la visión del Arca y la aparición de la Mujer forman una misma revelación. La tradición cristiana entendió aquí que el Arca, desaparecida de la tierra, se manifiesta ahora en el cielo en la persona glorificada de María, la nueva Arca de la Alianza celestial².


7. Síntesis teológica

El recorrido veterotestamentario del Arca puede resumirse así:

Etapa históricaSignificado teológicoCumplimiento cristológico
Éxodo – SinaíPresencia divina en medio del puebloEncarnación del Verbo
Desierto – ManáProvidencia y alimento celestialCristo, Pan de Vida (Jn 6)
Vara de AarónSacerdocio y autoridad divinaCristo, Sumo Sacerdote (Heb 7)
Tablas del PactoPalabra escritaCristo, Palabra encarnada (Jn 1:14)
Arca en el TemploTrono de la gloriaMaría, morada del Altísimo
Arca ocultaEsperanza escatológicaMujer gloriosa del Apocalipsis

Notas

  1. Orígenes, Homiliae in Leviticum II, 9: “El oro y la madera en el Arca prefiguran la unión de la divinidad y la humanidad en Cristo.”

  2. Cf. Juan Pablo II, Redemptoris Mater (1987), n. 27: “El Arca de la Antigua Alianza encuentra su cumplimiento en la Nueva, en María, que porta en su seno al Hijo de Dios.”

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